20 nov. 2011

APUNTES DE PLATÓN (para descargar)


Dejo el siguiente enlace para los alumnos de los cinco grupos de 2º de Bachillerato del IES Delgado Hernández. Pincháis en el enlace, introducís la contraseña, esperáis los 45 segundos de rigo y a descargar (están en formato word):


http://www.megaupload.com/?d=9VK97ZZO

Saludos.

12 nov. 2011

PLATÓN (XIV): La teoría ética de Platón / el hombre justo (2)


Vimos en la entrada anterior que el hombre, al igual que la sociedad, tiene una naturaleza tripartita compuesta por lo racional, lo irascible y lo concupiscible. Al igual que en el Estado ideal, el hombre que se pretenda bueno y justo debe ser un hombre equilibrado en el que sus partes más "elevadas" (racional e irascible) gobiernen sobre la más "baja" (concupiscible). Pero debemos recordar que, como también se analizó anteriormente, el individuo no es solo el producto de sus disposiciones naturales, sino también de la educación recibida que potenciará dichas disposiciones

Esto último quiere decir que si bien un individuo puede estar naturalmente más cercano a su parte racional que otro, es la educación lo que potenciará realmente su racionalidad, pudiéndole llegar a convertir a la larga en un sabio con grandes responsabilidades políticas en la sociedad (el gobernante o Filósofo-rey del que habla Platón). La educación, por tanto, es lo que conseguirá desarrollar las virtudes propias de los hombres y como sabemos que cada hombre posee una naturaleza particular, más racional, más irascible o más concupiscible según el caso, las virtudes que se desarrollen en ellos también serán particulares: la sabiduría o prudencia en el caso del hombre esencialmente racional (y que será el gobernante de la ciudad ideal platónica); el valor o coraje en el hombre irascible (que será el guerrero); y la moderación o templanza en el caso del hombre concupiscible (que será el artesano).

Estas tres virtudes, sabiduría, valor y moderación, están reguladas por esa virtud más elevada de todas que regulaba también el orden de la sociedad: la Justicia. La Justicia es la virtud gracias a la cual la sabiduría (o prudencia) se impone al valor (o coraje) y a la moderación (o templanza), regulándolas, haciendo que el individuo obre racionalmente siempre del mejor modo posible. Un guerrero valiente es muy valioso, pero si su valor no está sometido a los dictámenes de la razón pudiera darse el caso de que actuase de forma imprudente. Por ejemplo, lanzándose de cabeza contra un enemigo y poniendo en peligro a los demás por no haberlo hecho en el momento oportuno. El valor, así como la moderación, deben estar controlados por la sabiduría ya que en todo se debe obrar prudentemente si es que se quiere obrar bien. La Justicia es, por tanto, la virtud suprema (de ahí el ponera en mayúsculas) que establece la armonía en el hombre, imponiendo los límites y proporción en cada una de las virtudes propias de cada aspecto de su ser (repitamos: racional, irascible y concupiscible).
elevándolas a su máxima potencia.Y de esta manera se cierra el círculo: El verdadero conocimiento es el conocimiento de las Ideas que conforman el ámbito inteligible, coronado por el Bien, fundamento del ámbito sensible en el que se desarrolla la existencia humana y que es pura apariencia. El hombre cuya alma se eleva hacia dicho ámbito inteligible y accede al verdadero conocimiento es el tipo de sabio que debe integrar la clase gobernante que dirija a una sociedad que se pretenda verdaderamente justa. En esa sociedad ideal gobernada justamente por aquellos que saben lo que es el Bien (los gobernantes, Filósofos-reyes, sabbios) todo estará en perfecta armonía. Al estar orientada hacia dicho Bien, todos los integrantes de la sociedad se encargarán de hacer aquello que saben hacer sin inmiscuirse en las tareas de los demás. Los artesanos producirán los bienes materiales, los guerreros protegerán y los gobernantes gobernarán. Al hacer todos aquello que saben hacer, todo se hará como es debido, incluida la educación. Esa educación que recaerá sobre todos los ciudadanos hará que estos sean hombres justos, es decir, equilibrados. De esa manera, igual que en la sociedad cada clase social se ocupa de su función, en el hombre justo cada parte de su alma se ocupará de la suya, desarrollando así las virtudes capitales en todo hombre justo: prudencia, valor y templanza, armonizadas las tres por la virtud suprema de la Justicia.

En la próxima entrada, al igual que hicimos con su parte teórica, veremos una guía-resumen de la teoría etico-política del filósofo ateniense para entender la misma en poco pasos, centrándonos en lo esencial.



11 nov. 2011

PLATÓN (XIII): La teoría ética de Platón / el hombre justo (1)


En la primera entrada dedicada a la sociedad ideal ya dejamos indicado que el camino a seguir sería: primero establecer qué es el "Estado justo" y así llegar a deducir la verdadera Idea de "Justicia", para después, por analogía con la teoría política, establecer qué es el "hombre justo" (siendo esto ya entrar en el terreno de la éti
ca).

Pues bien, ya vimos que la justicia en la sociedad ideal
consistía en que esta resultaba ser una sociedad ordenada en la que cada ciudadano ocupaba el lugar que tenía que ocupar, desempeñando la función para la cuál estaba preparado. La cuestión ahora es: ¿puede esta definición encajar en el hombre de alguna manera? Y la respuesta es sí. Platón establece una comparación entre la naturaleza del Estado y la naturaleza humana: del mismo modo que en el Estado encontramos tres clases sociales, encontramos en el hombre tres partes en las que se divide su alma: racional, irascible y concupiscible.

(NOTA: Platón deduce estas tres partes del alma humana reflexionando acerca de los "motores" de la voluntad humana. El hombre puede moverse en función de lo que dicte su razón (parte racional), su voluntad (parte irascible) o su instinto (parte concupiscible))

La parte racional del alma es la que está dedicada al acto de inteligir, pensar, y es la que nos acerca al conocimiento de las Ideas (verdadera sabiduría
) si está bien dirigida y se ubica en la cabeza. La parte irascible es la que representa la voluntad y el coraje humanos (la que nos acerca a las pasiones nobles, según Platón) y se situa en el pecho. Finalmente, la parte concupiscible es la parte apetitiva del hombre, la que nos acerca al deseo y los instintos (que también llama bajas pasiones el filósofo griego) y se encuentra localizada en el bajo vientre.



De nuevo el concepto de justicia se vinculará al orden, al equilibrio, y hombre bueno y justo será el hombre ordenado o equilibrado. El hombre justo, para Platón, es aquel en el que la parte racional, por ser la más elevada de todas (ya que es la que nos eleva hasta lo inteligible. Nótese nuevamente la conexión con la Teoría de las Ideas), gobierna sobre la irascible y concupiscible, del mismo modo que la sociedad justa era aquella en la que los gobernantes, por ser los más capacitados gracias a su sabiduría, gobernaban sobre guerreros y artesanos.

Esta teoría sobre la naturaleza tripartita del alma es expuesta por el filósofo ateniense en su famoso "mito del carro alado". En él se nos cuenta que el alma humana es como un carro tirado por dos caballos, uno blanco, bueno y obediente, y otro negro, malo y desobediente. El conductor del carro o auriga representa a la parte racional, el caballo blanco la parte irascible y el caballo negro la concupiscible. Este carro irá bien dirigido cuando su conductor (parte racional) domine y controle a los caballos que tiran del mismo (partes irascible y concupiscible).
Hay que ver este mito como una metáfora de la vida humana. Nuestra vida irá bien si nuestra racionalidad se impone a la irascibilidad y la concupiscencia, y mal si son cualquiera de estas las que nos dirigen. El hecho de que el carro sea alado resulta muy ilustrativo en este sentido: Las alas sirven para que el carro pueda elevarse y esta elevación representa el ascenso hacia el conocimiento que se produce cuando la razón pasa de lo sensible (aparente) a lo inteligible (verdadero). Dicha elevación solo es posible si la razón se impone a las pasiones (tanto las nobles, propias de la parte irascible, como las bajas, propias de la parte concupiscible) y es nuestra principal guía.

Un último apunte: hemos visto como por analogía con la teoría política se ha podido determinar cuál es la configuración del hombre ideal (aquel en el que su naturaleza racional domina a la irascible y concupiscible), pero si seguimos estableciendo analogías entre el campo ético y el político también observaremos conclusiones interesantes y muy fáciles de entender ¿Qué partes del alma destacarán en gobernantes, guerreros y artesanos? Pues en el caso de los gobernantes será la parte racional, en los guerreros la irascible y en los artesanos la concupiscible. Los gobernantes, como ya se dijo, debían ser los más sabios entre los ciudadanos, aquellos que en el proceso educativo demostraron mayor talento intelectual y, por tanto, una naturaleza eminentemente racional. En el caso de los guerreros, la educación sacaría a la luz su naturaleza predominantemente irascible que los convierte en los más aptos para el desempeño de sus funciones (ya que en ellos tienen que destacar el valor y el coraje). Finalmente, los artesanos, por ser los más apegados a lo sensible, tendrán una naturaleza primordialmente concupiscible y por ello estarán cercanos a lo material (en su vida y en el desempeño de sus funciones).



Vemos de nuevo como política, ética, antropología, teoría ontológica y del conocimiento se funden en un sistema filosófico totalmente interconectado. Es por esto que decía en la introducción de este autor que su teoría bien puede ser larga de explicar, pero en ningún caso compleja de entender ya que, como vemos, todo en última instancia vuelve siempre al mismo lugar: la Teoría de las Ideas.

10 nov. 2011

PLATÓN (XII): La teoría política de Platón / La sociedad ideal (2)


La educación en la República


Hemos visto como el buen funcionamiento de una sociedad depende del orden que haya en la misma. Si la sociedad se crea para satisfacer las necesidades humanas, es importante que todas estas necesidades sean cubiertas por un sector u otro de dicha sociedad. Así surgía la especialización del trabajo a través de la cual cada individuo se formaría en el desempeño de una determinada función para contribuir con ella al conjunto de la sociedad. Esta división del trabajo es la que nos conducía, según Platón, a concebir tres clases sociales diferenciadas: la de los artesanos o productores, la de los guerreros o auxiliares y la de los gobernantes. Si cada una de estas clases está compuesta por aquellos individuos capacitados para desempeñar sus determinadas funciones y cada individuo se ocupa de su "parcela" sin meterse en la de los demás, entonces estaremos ante una sociedad ordenada que funciona como debe funcionar. Y en eso consiste una sociedad justa.

Ahora bien, la pregunta que cabría hacerle ahora a Platón es ¿y qué es lo que determina qué lugar debe ocupar cada individuo en la sociedad? es decir ¿cómo podemos saber a qué clase social pertenece cada individuo o, lo que es lo mismo, por quiénes están conformadas dichas clases sociales? 

Para contestar a esto observemos la siguiente pirámide: 




Si tuviésemos que determinar qué es lo que hace que los artesanos ocupen la base de la pirámide (es decir, su parte más baja) y los gobernantes su cúspide (parte más alta) ¿qué diríais que es? Es decir ¿qué es lo que hace que los gobernantes estén por encima de guerreros y artesanos? A estas alturas de la película ya os lo podréis imaginar: el conocimiento. 




El conocimiento es lo que determina la posición social de los ciudadanos. Los gobernantes estarán en la posición más elevada con respecto al conocimiento, los guerreros en la posición media y los artesanos en la más baja. Lo que determina a su vez el grado de conocimiento alcanzado por el ciudadano no es otra cosa que la educación. 


La educación es un concepto clave para entender la República platónica, porque es en el proceso educativo donde se podrá determinar qué tipo de naturaleza tiene cada ser humano y, por lo tanto, a qué clase social ha de pertenecer. De este modo, aquellos que tengan mejores capacidades o disposiciones naturales en el ámbito intelectual y vean estas desarrolladas en el proceso educativo adquiriendo un mayor conocimiento, serán los gobernantes que ocuparán una posición más elevada en la jerarquía social, mientras que los más retrasados en este campo (aunque sean más hábiles en otras tareas manuales) serán los artesanos que quedarán en la posición más baja de dicha jerarquía.

Al hablar de "disposiciones naturales" y "educación", Platón está aludiendo, por un lado, a nuestra naturaleza, a las capacidades con las que nacemos y que hemos heredado de nuestros padres, y, por otro, a la educación como motor que desarrolla esas capacidades y las eleva a su máxima potencia. Para Platón el factor que determina finalmente qué lugar debe ocupar el individuo en la sociedad es la educación. Si bien lo normal es que de padres artesanos salgan hijos artesanos, por ejemplo, por ser la herencia de los padres un factor importante en la constitución de los individuos, será el proceso educativo el que finalmente demuestre si se han alcanzado o no las espectativas creadas por esa herencia por parte de dichos individuos o incluso si se han superado. Esto es bastante lógico: Si por más hijo de gobernante que se sea, no se desarrollan las capacidades para gobernar y ese individuo no adquiere en el proceso educativo la sabiduría necesaria para desempeñar su función, lo mejor para esa sociedad es que tal individuo no forme parte del gobierno puesto que no haría las cosas bien y causaría perjuicios por su propia incapacidad. De este modo Platón deja la puerta abierta para que sea el mérito (medido en términos de sabiduría) el que determine en última instancia la clase social a la que se pertenece, aunque siempre teniendo en cuenta lo dicho: que lo habitual es que de padres pertenecientes a la clase "x", salgan hijos que pertenecerán a la clase "x" (con lo que en realidad parecía abogar porque, aunque en un principio pueda haber tránsito de una clase a otra, este tránsito no es común que se dé).

Debemos aclarar también que Platón no piensa en los artesanos como una clase social formada por analfabetos funcionales ni mucho menos. Para tener una buena sociedad debemos tener buenos ciudadanos y eso implica que todos ellos tengan una formación mínima, que todos y cada uno de los ciudadanos pasen por un proceso educativo en el que se les instruya y guíe hacia el Bien. Lo que defiende Platón desde un principio es que en lo concerniente al conocimiento, así como en cualquier otra habilidad, no todas las personas tienen las mismas capacidades (disposiciones naturales) ni cala en ellos de igual manera el proceso formativo (educación), y por ello habrá individuos válidos para las funciones de producción (artesanos), otros para las funciones de protección y ataque (guerreros) y otros para las funciones de gobierno (gobernantes). Ya que lo importante es que la sociedad cubra todas las necesidades de sus integrantes, tan necesaria se vuelve una clase social como otra (no solo de gobernantes podría vivir una sociedad). 

Pero aunque todos los ciudadanos reciban la misma educación básica, el mayor desarrollo en el grado de conocimiento hará que las vidas de artesanos, guerreros y gobernantes en el seno de la sociedad sean muy distintas. Los primeros estarán mucho más apegados a lo material y sensible, mientras que los gobernantes, por estar más cercanos al verdadero conocimiento y lo inteligible, despreciarán todo bien material, toda riqueza.

- La clase de los artesanos debe poseer en la sociedad ideal platónica la riqueza, teniendo derecho a la propiedad privada y a la familia, y se le debe permitir el disfrute de los goces materiales que se derivan de la posesión de la riqueza. Goces que son para Platón, como se puede imaginar, totalmente superficiales y engañosos: la verdad no se encuentra en lo material (ámbito sensible), sino en el auténtico y elevado conocimiento de la Idea (ámbito inteligible). Los artesanos son la clase menos elevada en cuanto al conocimiento y por ello están más apegados a lo material, físico y superficial.

- La clase de los guerreros, por el contrario, no puede tener acceso la riqueza. De esta manera se consigue evitar que caigan en la tentación de defender sus intereses privados en lugar de los intereses colectivos, y terminar utilizando la fuerza militar que poseen contra los ciudadanos que tienen la obligación de proteger. De este modo, los guerreros estarán desprovistos de toda propiedad privada y tampoco tendrán familia, debiendo vivir al "modo espartano", de forma comunitaria, afincados en barracones en los que tengan todo lo necesario para realizar sus actividades. Además, para Platón, no existe ninguna razón para excluir a las mujeres de ningún tipo de actividad y por eso podemos ver mujeres en la clase guerrera, ya que tanto en el hombre como en la mujer se encuentran similares dones o cualidades naturales, igualmente útiles para la ciudad. Este estilo de vida, como también se puede deducir, no tiene nada de negativo para Platón: el desapego de lo material es la primera condición para ascender hacia lo verdadero, lo inteligible.

- La clase de los gobernantes, debido a su posición de mayor responsabilidad política y a las elevadas tareas que deben desempeñar, tampoco tendrá acceso a la propiedad privada ni a la familia (para evitar la búsqueda de todo beneficio personal), debiendo velar únicamente por el buen gobierno de la ciudad. Su obligación es la de centrarse en la búsqueda de la sabiduría, sabiduría que les hará identificar qué es lo bueno para gobernar adecuadamente la polis, por lo que la vida de dichos gobernantes estará alejada de todas las comodidades innecesarias para cumplir su función.


Para la pregunta de por qué son aquellos que tienen más conocimiento los que deben gobernar (la figura del Filósofo-rey platónica) tenemos una respuesta sencilla ¿verdad? Como llevamos diciendo desde las primeras entradas y en consonancia con lo que pensaba su maestro, Platón defiende que solo el que conoce el Bien puede hacerlo, y el conocimiento del Bien es el más elevado de todos, aquel al que solo acceden los más sabios. Si queremos una sociedad justa que esté guiada hacia el Bien, es necesario que quienes guíen a dicha sociedad, los gobernantes, sean aquellos que conozcan en qué consiste ese Bien para poder dirigirla hacia el mismo, y como decimos esto solo pueden hacerlo los más sabios.

8 nov. 2011

PLATÓN (XI): La teoría política de Platón / La sociedad ideal (1)


La teoría política de Platón

Platón desarrolla su teoría política en “La República”. La República es una obra que tiene por objeto de discusión determinar en qué consiste la justicia. Es cierto que en dicha obra se esclarece también, según Platón, qué es la verdad y dónde se sitúa (el Bien y las Ideas en el ámbito inteligible) e incluso cómo podemos llegar a tener acceso a la misma (teorías antropológica y del conocimiento), como ya vimos en entradas anteriores, pero creo que no  hace falta ya a estas alturas repetir la trascendental importancia que el conocimiento tiene en el ámbito práctico. Si lo que Platón busca desde el principio es determinar cuál es la sociedad ideal, la mejor de las sociedades posibles, es decir, la más justa, es necesario que sepamos en qué consiste la "justicia" para poder llevarla a cabo (es imposible llegar a hacer lo que no se conoce). Por eso, aunque "La República" es un libro eminentemente de carácter político-práctico, se detiene y analiza detenidamente el problema del conocimiento.


El tema “qué es la justicia” se plantea, pues, en la República (y como es normal en los diálogos platónicos), por medio de una discusión en la que se trata de definir dicha "justicia": según la opinión de los interlocutores del diálogo, la de los hombres buenos, la de los sofistas, etc., tratando en todo momento Sócrates de demostrar las insuficiencias de dichas definiciones de la justicia aportadas por todos los bandos. El método socrático llega al rescate del debate para tratar de aportar la definición más precisa de "justicia".

Platón (por boca de Sócrates en el diálogo) recalca la necesidad de que la virtud, en este caso la justicia, sea común al hombre y a la ciudad, ya que la Idea de Justicia es una y solo una, como sabemos gracias a su Teoría de las Ideas. Podríamos buscarla por lo tanto en uno y en otra en un principio, pero dada la mayor magnitud de la ciudad será más fácil encontrar la justicia inscrita en ella que en el individuo (como siempre le digo a los alumnos: nos es más fácil percibir los detalles en un “cuadro grande”, que en este caso sería el Estado, que en un “cuadro pequeño”, que en este caso sería el individuo). 


Es por este motivo por lo que Platón se centrará primero en la cuestión política para, posteriormente, y ya sabiendo qué es la "Justicia" gracias a dicha teoría política, por analogía, establecer qué es la justicia en el ámbito de la ética, es decir, en el sentido individual. Dicho de otro modo: una vez sepamos qué es una sociedad justa, tendremos las herramientas necesarias para saber qué es un hombre justo

Pero como no hay ninguna sociedad conocida de la que realmente podamos decir que es completamente justa (recordemos que toda sociedad existente se da aquí, en el ámbito sensible, siendo por tanto imperfecta como todo lo que puebla dicho ámbito), Platón propone que diseñemos una sociedad ideal: siendo la sociedad planteada una sociedad perfecta, no podrá carecer de ninguna perfección y deberemos encontrar en ella la justicia en un sentido pleno.

La sociedad ideal

¿Cómo tendría que ser una sociedad ideal? Dado que la sociedad debe existir para satisfacer las necesidades de los hombres, y ya que éstos no son independientes unos de otros ni autosuficientes para abastecerse, el primer fin que debe garantizar toda sociedad es un fin económico. Los hombres tienen diferentes capacidades y habilidades, siendo preferible que cada uno desarrolle las que posee por naturaleza, lo que introduce la división del trabajo en la organización de la sociedad. En una ciudad ideal deberán existir, por lo tanto, todo tipo de trabajadores: granjeros, carpinteros, labradores, herreros, etc., de modo que todas las necesidades básicas queden cubiertas y garantizadas. A estas tareas de producción se dedicará la clase de los artesanos o productores (primera clase social). 


Sin embargo, continúa Sócrates en el diálogo, una sociedad que sólo atendiera las necesidades materiales básicas sería una sociedad demasiado dura e insuficiente, pues el hombre necesita también satisfacer otras tendencias de su naturaleza relacionadas con el arte, la poesía, la diversión en general, etc. El fin de la ciudad, que comienza siendo estrictamente económico, no se limita a la producción de bienes, sino que se encamina más bien a hacer posible una vida feliz para el hombre.

A medida que la sociedad aumenta en número de ciudadanos, los recursos necesitan ser ampliados, lo que puede dar lugar a la conquista de territorios vecinos para satisfacer las necesidades de todos, conduciendo a la guerra y a la necesidad de asegurar la paz y el orden dentro de la propia sociedad. Si seguimos el mismo principio de división del trabajo tendrá que haber especialistas en la guerra y la protección que sean los encargados exclusivamente de dichas actividades. A estos especialistas Sócrates los llamará guerreros (segunda clase social).

Falta todavía, pues, algo en esta ciudad ideal: determinar quiénes serán los encargados de gobernarla. Hemos visto como la sociedad se ha ido sofisticando, diversificando y haciéndose más compleja. De un primer momento puramente productor, se ha pasado a otro en el que hay que tomar decisiones importantes para determinar qué leyes deben hacerse respetar para mantener el orden, cuándo está justificado el ir o no a la guerra, cómo debe organizarse la sociedad ahora más compleja que en sus inicios... Ni la clase de los artesanos ni la de los guerreros parecen estar cualificadas para tales decisiones puesto que, por el principio de la división del trabajo, estas tareas organizativas quedan fuera de sus competencias. Por lo tanto, hemos de añadir una tercera clase, la de los gobernantes
(tercera clase social), que serán aquellos ciudadanos capaces de organizar y dirigir dicha sociedadEstos gobernantes serán elegidos de entre los mejores de los guerreros que, a su vez, habían sido elegidos de entre los mejores ciudadanos.

(NOTA: Se habla aquí de primera, segunda y tercera clase social no en orden de importancia, sino en el orden en el que estas fueron deducidas por Platón. El orden de importancia es justo el contrario como veremos más adelante)

De alguna forma lo que Platón ya nos está dejando claro mediante el discurso de Sócrates es que hay algo que resulta esencial para que una sociedad sea justa: esto es, que dicha sociedad esté ordenada, es decir, que siga un orden en el que cada cual ocupe el lugar que le corresponda. Una sociedad justa es una sociedad que funciona bien y una sociedad solo funciona bien si está ordenada. Imaginemos una sociedad cualquiera en la que repartiésemos los roles al azar y no en función de la preparación y especialización de los individuos. Es decir, imaginemos que a los artesanos los ponemos a gobernar, a los guerreros a producir y a los gobernantes a guerrear ¿Cómo funcionaría dicha sociedad? Parece a primera vista que no demasiado bien. La sociedad que se pretenda justa, es decir, que pretenda actuar bien en todos sus ámbitos, debe ser una sociedad ordenada en la que cada miembro de la misma ocupe el lugar que debe. 


Pensando en esto, aunque sea brevemente, podremos entender la aversión que Platón siente hacia la Democracia. El sistema democrático ateniense se basaba en la total igualdad de los ciudadanos, es decir, en poner a todos exactamente en la misma posición con respecto al funcionamiento, protección y gobierno de la polis, mientras que Platón sostiene que debe haber una diferenciación de clases para que dicha polis sea gestionada de forma correcta. No todos los ciudadanos están preparados para desempeñar las mismas funciones y por ello si ponemos a hacer algo concreto a alguien que no sabe hacerlo, ese "algo" se hará irremediablemente mal (por decirlo de forma sencilla). Solo si ponemos a gobernar a los que realmente saben gobernar, a proteger a los que realmente saben proteger y a producir a los que de verdad saben producir, entonces tendremos una sociedad justa que funciona como es debido. La sociedad democrática está justo en la posición contraria y por ello desde la misma jamás obtendremos una sociedad justa (de ahí su empeño en reformar el sistema político ateniense). 


Aun quedan muchas cuestiones por abordar ¿Qué determina qué posición debe tomar cada ciudadano en la sociedad? ¿Cuál es el mecanismo que lo determina? ¿En base a qué criterio podemos saber que los gobernantes son los más aptos para el cargo? Dichas cuestiones serán abordadas en la siguiente entrada.



3 nov. 2011

PLATÓN (X): La teoría política de Platón / Introducción



Mientras que los sofistas sostuvieron que la sociedad era el resultado de una convención o pacto (nomos) entre los individuos, para Platón, la sociedad es el medio "natural" en el que se desarrolla la vida del ser humano. El hombre es un "animal social" debido a que no es un ser autosuficiente. Los hombres no se pueden autoabastecer de todas sus necesidades tanto en el aspecto material (producir todos los bienes materiales que nos son necesarios para subsistir), como en los aspectos morales, afectivos o espirituales que nos caracterizan como seres únicos en la Naturaleza. Al ser estas necesidades naturales (tanto la supervivencia como el afecto, el amor, la convivencia...), la tendencia a consumarlas tambien lo es y por ello podemos hablar de una tendencia natural en el hombre a vivir en sociedad, debido a que será en el ámbito social donde el hombre satisfará dichas necesidades. Esta teoría de la "sociabilidad natural" del ser humano será mantenida posteriormente también por Aristóteles (quien hablará propiamente de el hombre como zóon politikon, es decir, como "animal político o social"), aunque este creerá que es aún más natural la tendencia a la unión entre hombres y no algo motivado solo por interés tal y como se entrevé en Platón.
Para no partir de prejuicios erróneos, tenemos que entender que la vida política o social del hombre era una parte esencial de su vida en general en la Atenas clásica. Hoy en día podemos concebir perfectamente una vida al margen de la política (esto no quiere decir que la política no nos afecte en caso de hacerlo, pero podemos determinar el no meternos jamás en cuestiones políticas: no votar, no interesarnos por la política y sus cuestiones propias, no tomar partido...), pero algo así era impensable para un ateniense del periodo clásico. El ciudadano tenía peso en la polis, en la presentación de propuestas y la toma de decisiones, y esto era inculcado socialmente y estaba fuertemente arraigado en la población. Así, el formar parte de la actividad política era algo connatural al ciudadano ateniense que entendía la organización de la vida de forma comunal, de manera que definir al hombre como individuo ajeno al Estado se hacía inconcebible. Cuando tratamos de definir lo que era un buen hombre para los antiguos griegos, no podemos hacerlo al margen de su condición de ciudadano.

(NOTA: De aquí procede gran parte del rechazo de Sócrates y Platón hacia la sofística ya que esta potenciaba el individualismo y destruía la cohesión social fuertemente asentada en la polis ateniense)

Es por ello que, del mismo modo que veremos cómo la teoría del conocimiento está fuertemente ligada a la teoría política (nunca olvidemos que para Platón, al igual que para Sócrates, para hacer algo bien debemos conocer cómo debemos hacerlo, y esto incluye la actividad política), veremos también que la ética platónica se explica por analogía de su teoría política. Esto se explica facilmente porque Platón comenzará la discusión planteando que la cuestión de la "justicia" (concepto central de sus teorías política y ética) podemos discernirla tanto en la dimensión individual (hombre) como en la dimensión colectiva (Estado) humana. Cuando queremos definir una buena s
ociedad lo que buscamos es una sociedad justa (una sociedad buena para todos), del mismo modo que la búsqueda del hombre bueno es la búsqueda del hombre justo (el hombre que es bueno para todos). Y si pensamos en esto un poco entenderemos que, siguiendo el hilo de su Teoría de las Ideas, la Justicia en sí, la Idea de Justicia, es una y solo una, la apliquemos al conjunto social o al individuo. Por ello tiene que existir un único modelo de comportamiento moral que encaje, tanto para el individuo como para el Estado, modelo que, por supuesto, procede del inmutable y perfecto ámbito inteligible.

Como veremos en las siguientes entradas, Platón se centrará primero en la discusión política para, una vez aclarado lo que es un Estado justo, definir por analogía con este lo que es un hombre justo (en su teoría ética).

2 nov. 2011

PLATÓN (IX): Guía-resumen de la teoría ontoepistémica de Platón


Como ya he comentado en multitud de ocasiones, todo sistema filosófico no deja de ser un razonamiento argumentado en el que desde ciertas ideas se llegan a ciertas conclusiones e implicaciones (una ideas nos van llevando a otras). En el caso de Platón hemos visto como desde su ontología (teoría sobre la realidad), expuesta en la Teoría de las Ideas, desarrolló su cosmología, su antropología y, finalmente, su teoría del conocimiento. Siguiendo la reflexión en este orden hemos desgranado la parte teórica de su pensamiento (lo que los alumnos de segundo de Bachillerato conocerán como línea ontoepistemológica) de forma que veíamos como unos planteamientos nos iban conduciendo a otros de forma coherente (o al menos plausible desde la óptica del autor). 

Pues bien, quiero ofrecer ahora un resumen esquemático de lo visto hasta el momento para tener condensado lo esencial de la teoría platónica. De esta forma veremos de una forma mucho más directa la conexión entre las ideas expuestas por Platón, teniendo una visión global más inmediata de la que tendríamos si tuviésemos que echar mano de todo lo expuesto hasta ahora que, aunque profundice más en cada asunto y entre en detalles, resultaría una tarea mucho más lenta y en la que nos costaría mucho más tener esa visión de conjunto del sistema filosófico platónico. 

(Nota: Fue hace relativamente poco que empecé a utilizar estas guías-resumen con mis alumnos. El motivo por el que empecé a diseñarlas era porque el hecho de explicar a los autores de forma sencilla en mis apuntes, recurriendo a ejemplos, re-explicando, etc. si bien facilitaba la comprensión, también producía el efecto de extender los apuntes y provocar el que se perdiese esa visión de conjunto que, como siempre defiendo, puede hacer más fácil el asimilar el pensamiento de cualquier filósofo. En Filosofía es muy fácil perderse en las implicaciones que una teoría tiene y muchas veces diversificar la explicación con los ejemplos o esas implicaciones hace que perdamos de vista lo esencial. Con estas guías-resumen vamos a tratar siempre de recuperar lo esencial)


GUÍA PARA LA EXPOSICIÓN DE PLATÓN (línea ontoepistémica)

1. El objetivo de Platón es la reforma política, la reforma de la polis griega que está sumida en una profunda crisis y corrupción (condena de Sócrates).

2. Herencia del intelectualismo moral de Sócrates: Conocimiento y virtud coinciden: “Para hacer el bien hay que conocerlo” y “si se conoce el bien no queda más opción que llevarlo a cabo”. Por eso, si se quiere acometer la reforma política y ética de la ciudad y los ciudadanos griegos, habrá que aclarar cómo deben conducirse estos al verdadero saber, a ese saber que les llevará a ser virtuosos: el conocimiento del Bien.

3. Teoría de las Ideas (o teoría de los dos mundos): ¿Dónde se encuentra esa verdad, ese verdadero conocimiento? Para Platón, el verdadero conocimiento es el conocimiento de las esencias que el denominará Ideas. Mientras que las cosas sensibles que nos rodean son corruptibles, particulares, mortales, imperfectas… las Ideas son incorruptibles, universales, inmortales, perfectas… Las Ideas “son” para siempre, mientras que las cosas sensibles “dejan de ser”. Por ello las Ideas son más verdaderas (tienen verdadero ser) que las cosas sensibles (mezcla de ser y no-ser). Platón divide la realidad en dos: ámbito inteligible (Mundo de las Ideas o verdadero) y ámbito sensible (Mundo sensible o aparente).

4. Jerarquía del ámbito o mundo inteligible: La realidad suprema es el Bien: todas las Ideas dependen del Bien (por ello el Bien es más que una Idea, es la realidad suprema / alegoría del Sol en el texto). Tras esta se situarán las Ideas supremas de Verdad y Belleza. Posteriormente irían las Ideas fundamentales como las de unidad, multiplicidad, ser, no ser... A continuación las Ideas matemáticas. Yresto de Ideas, modelos arquetípicos de los objetos sensibles, estas, por motivos obvios, se colocarán en el último escalafón en importancia. finalmente el

5. Cosmología / creación del ámbito o mundo sensible por parte del Demiurgo: a) Al principio de los tiempos existían el ámbito inteligible (mundo de las Ideas), la materia informe (sumida en el caos ) y el Demiurgo (moldeador del Universo material a partir de la materia informe preexistente) b) El Demiurgo se apiada de la materia informe y caótica y la moldea a imagen y semejanza de las Ideas perfectas e inmutables del ámbito inteligible c) Debido a que la copia siempre es más imperfecta que el original, las cosas físicas, que son copias de las Ideas que sirven como modelo de aquellas, son imperfectas, mutables, corruptibles, temporales... d) Aunque la copia en sí misma sea imperfecta, el Demiurgo trata de hacerla lo más parecida posible a su modelo arquetípico (la realidad inteligible, la Idea) y por ello la materia pasa de ser un caos informe a estar dotada de alma y racionalidad, aunque de forma limitada.

6. Antropología en Platón: Queda claro que la verdadera realidad es el ámbito inteligible, pero el hombre vive en el ámbito sensible. Si la participación del hombre en dicho ámbito inteligible fuese imposible, entonces el propio conocimiento sería imposible y el propósito de su filosofía (reformar la vida humana a través del conocimiento) inalcanzable. No obstante, Platón cree que el hombre participa de ambas realidades, inteligible y sensible, debido a su naturaleza dual: el hombre es la suma de alma y cuerpo.

7. Teoría de la reminiscencia: El alma, como elemento del ámbito inteligible que es, es inmortal incorruptible, eterna… y por ello posee, antes de su unión con el cuerpo, el conocimiento verdadero. Pero al unirse con el cuerpo y habitar este plano sensible, el alma olvida dicho conocimiento (el cuerpo como cárcel). Por ello, para Platón, “conocer es recordar”, es decir, hacer que el alma recuerde lo que ya sabía y, para ello, deberá trascender el ámbito sensible, donde solo se da la opinión y falso conocimiento.

8. La dialéctica platónica: El verdadero conocimiento es el conocimiento de la Idea. Para conocer las Ideas el alma debe recordar lo inteligible y separarse de lo sensible, en esto consiste el ascenso dialéctico del conocimiento. Para explicar la dialéctica, Platón recurre al símil de la línea donde enumera los grados de conocimiento: A un lado de la línea se sitúa la opinión (doxa), conocimiento aparente propio del ámbito sensible, que se subdivide en dos niveles: la conjetura (propia de la imaginación) y la creencia (propia de los sentidos). Al otro lado de la línea se sitúa la Verdad o ciencia (episteme), conocimiento verdadero propio del ámbito inteligible, que se subdivide en dos: conocimiento de los entes matemáticos (razón discursiva) y finalmente el conocimiento de las Ideas (intuición intelectual). A este último nivel de conocimiento debe llegar el hombre para conocer la Verdad; llegado a ese nivel ya no mediará con la realidad sensible y aparente, sino con las Ideas.

Y aquí lo tenemos: Platón en ocho pasos.

29 oct. 2011

PLATÓN (VIII): La teoría del conocimiento platónica


De la teoría de la reminiscencia a la dialéctica


Platón parte de la teoría de la reminiscencia, “conocer es recordar”, para explicar el conocimiento
.
Como ya se ha visto, el hombre es un compues
to de cuerpo y alma, donde el alma es la parte humana que participa de la realidad inteligible. Pues bien, para Platón, el alma antes de unirse al cuerpo posee todas las Ideas verdaderas, pero al darse dicha unión con el cuerpo y convivir ambas partes en este mundo de apariencia e ilusión (ámbito sensible) las acaba olvidando. Recordemos que todo lo que vemos en este mundo, en esta realidad sensible, son apariencias de los verdaderos objetos de conocimiento que son las Ideas. De esta forma, al percibir solo apariencias durante su unión con el cuerpo, el alma acaba olvidando lo que sabía en un principio. Es por eso que el alma debe recordar las Ideas que poseía antes de la unión con esa parte corruptible, finita y degenerativa que es el cuerpo.
 

Ahora bien, cabe plantearse en este momento la siguiente pregunta ¿De qué forma debemos o podemos recordar dichas ideas verdaderas? Es decir, sabemos que para conocer debemos recordar las ideas verdaderas que ya poseo, pero ¿Cómo puedo hacerlo? Así, a esta teoría de la reminiscencia seguirá la explicación ofrecida en
la República (libro VI) donde encontramos la exposición de una nueva teoría del conocimiento: la dialéctica, que será mantenida por Platón como la explicación definitiva del conocimiento.

La teoría del conocimiento platónica


La pri
mera explicación del conocimiento que encontramos en Platón, antes de haber elaborado la teoría de las Ideas, es la teoría de la reminiscencia (anámnesis), como ya hemos visto. Recordémosla: Según esta teoría, el alma, siendo inmortal, lo ha conocido todo en su existencia anterior por lo que, cuando creemos conocer algo (ahora sí de verdad y no solo como conocimiento sensible y aparente), lo que realmente ocurre es que el alma recuerda lo que ya sabía. Aprender es, por lo tanto, recordar.

En la República (libro VI) nos ofrecerá una nueva explicación, la dialéctica, basada en la teoría de las Ideas (que ya vimos en el primer punto: es importante ver como toda la teoría de Platón está interconectada entre sí porque además es muy fácil comprenderla cuando se ve dicha interconexión). En ella se establecerá una correspon
dencia estricta entre los distintos niveles y grados de realidad y los distintos niveles de conocimiento. Fundamentalmente distinguirá Platón dos modos de conocimiento: la "doxa", que no es verdadero conocimiento sino mera opinión, y la "episteme", o conocimiento inteligible. A cada uno de ellos le corresponderá uno de los planos de realidad, sensible e inteligible, respectivamente. El verdadero conocimiento viene representado por la "episteme", dado que es el único conocimiento que versa sobre el ser (sobre lo que las cosas “son” en realidad, es decir, las Ideas) y, por lo tanto, es infalible. Efectivamente, el conocimiento verdadero lo ha de ser de lo universal, de la esencia, de aquello que no está sometido a la fluctuación, al cambio de la realidad sensible; ha de ser, por lo tanto, conocimiento de las Ideas. Pensemos en la Idea de belleza, por ejemplo. El objeto de estudio de la ciencia verdadera tendría que ser la Belleza en un sentido absoluto, ya que aquí las cosas que en principio parecen bellas luego se hacen viejas y degeneran y ya no participan de dicha Belleza. Las personas, las cosas, los animales… envejecen y se corrompen abandonando su belleza, pero la BELLEZA en sí siempre permanece igual, no se corrompe, no se degenera. Que dejemos de percibir a tal persona o tal otra como bellas no significa que ya no podamos aplicar la idea de BELLEZA a ninguna otra persona. Por esto las Ideas son más verdaderas, poseen más “ser”, que las cosas sensibles ya que dichas Ideas "nunca dejan de ser lo que son". Son por tanto las Ideas el verdadero objeto de conocimiento (episteme) porque son esencias universales que nunca se degradarán y siempre se mantendrán perfectas e inmutables.

Platón desarrollará las diferencias entre los distintos tipos de conocimiento mediante el conocido símil de la línea
: Representemos en una línea recta, dividida en dos partes, los dominios de los sensible y lo inteligible. Dividamos a su vez cada uno de dichos segmentos por la mitad resultando una línea dividida en cuatro partes. Sobre la parte de la
línea que representa el mundo sensible tendremos dos divisiones: la primera correspondiente a las imágenes de los objetos materiales (sombras, reflejos en las aguas o sobre superficies pulidas), la segunda correspondiente a los objetos materiales mismos (obras de la naturaleza o del arte, objetos). De igual modo, sobre la parte de la línea que representa el mundo inteligible, la primera división corresponderá a las imágenes inteligibles (objetos lógicos y matemáticos), y la segunda a los objetos reales inteligibles (las Ideas).



El mundo sensible es el mundo de la opinión (doxa) y el mundo inteligible el dominio de la ciencia (episteme). Las imágenes de los objetos materiales dan lugar a una representación confusa, que llamaremos imaginación (eikasía; primer segmento de la línea); los objetos materiales dan lugar a una representación más precisa, a la que llamaremos creencia (pístis; segundo segmento de la línea); por su parte, en el mundo inteligible, las imágenes de las Ideas (objetos matemáticos; tercer segmento de la línea) dan lugar a un conocimiento discursivo (diánoia; cuarto y último segmento de la línea), mientras que las Ideas mismas da lugar a un conocimiento intelectivo (nóesis), el conocimiento de la pura inteligencia. La dialéctica es, pues, el proceso por el que se asciende gradualmente al verdadero conocimiento, al conocimiento del ser, de lo universal, de la Idea. Es decir, la dialéctica es el modo de conocimiento que parte de las sombras de la realidad (mundo sensible) para alcanzar el conocimiento verdadero de las Ideas en sí mismas (mundo inteligible). No podemos alcanzar las Ideas más que al final del proceso y tras mucho esfuerzo cognoscitivo (la sabiduría no es fácilmente alcanzable, como ya sostuvo el propio Sócrates), y este esfuerzo está representado en el símil de la línea con ese paso gradual desde lo más aparente (las imágenes de las cosas, las copias de las copias de las Ideas) hasta lo más verdadero (las Ideas en sí mismas).

Esta es, pues, la teoría del conocimiento que, como hemos visto, se basa en la teoría de las Ideas de Platón: Partiendo de que existen dos mundos: el sensible y el inteligible (donde el segundo es el más perfecto y modelo del primero), el conocimiento verdadero pasará por partir del mundo sensible, dejarlo atrás y así alcanzar finalmente la sabiduría en el mundo inteligible ¿Y cuál es el objeto o punto final de dicha sabiduría? Platón lo tendrá claro: la Idea de Bien.


Pero ¿por qué esa importancia de la Idea de Bien? ¿Por qué es la Idea de Bien la que corona el ámbito inteligible? Pues porque todas las demás Ideas dependen del Bien: no queremos conocer la Justicia, la Belleza y el Amor más que en su “buen” sentido, es decir, en sentido pleno; queremos conocer la “buena Justicia”, la “buena Belleza”, el “buen Amor”… Queremos conocer cada idea o concepto plenamente, es decir, “bien”, porque eso es lo que constituiría un verdadero conocimiento (tener un falso o “mal” conocimiento es, como ya se ha dicho, quedarnos en el camino de la “doxa”, de la opinión, creyendo que lo que vemos en este mundo sensible es la Verdad con mayúsculas). Así, vemos que la Idea de Bien destaca sobre las demás porque, en última instancia, todas dependen de ella.

Recordemos que aquí estamos en al ámbito del conocimiento, gnoseológico, pero que, como ya se apuntó en la entrada dedicada a la Teoría de las Ideas, las Ideas no solo son la causa de la verdad en el conocimiento, sino la causa misma de que las cosas de las que son reflejo, existan. Y dado que todas las Ideas dependen de la de Bien en cuanto a su verdad y plenitud, como ya se ha señalado, no será menos dependiente la relación de aquellas en el plano ontológico con dicha idea de Bien. Esto llevó a Platón a afirmar en su "alegoría del Sol" que, del mismo modo que en el ámbito de lo visible el Sol es la causa de que haya luz gracias a la cual podemos ver y de que los propios seres puedan existir, en el ámbito inteligible es el Bien el que permite no solo conocer el resto de Ideas, sino que estas mismas existan. Tanto es así que Platón llegará a decir que el Bien no es propiamente una Idea, sino algo más elevado ("en dignidad y potencia", dice textualmente) que las propias Ideas, una realidad suprema (ya que del Bien surgen todas las Ideas y de estas, al ser copiadas en el ámbito sensible, surgen las cosas. Por tanto, todo surge directa o indirectamente del Bien). Aunque, bueno, el propio Platón parece olvidar esto muy a menudo refiriéndose constantemente al Bien como Idea de Bien.


Es importante entender ahora que, para Platón (como antes para Sócrates) el motivo de buscar y tratar de llegar por todos los medios al concepto de Bien era conseguir su aplicación práctica en la vida humana. Al conocer el Bien, obraremos bien porque el bien siempre redunda en un bien para aquel que lo conoce y a este no le puede quedar la opción de elegir el mal al darse cuenta de ello (alguien que adquiere la verdadera sabiduría nunca optaría por el mal, ya que este solo engendrará lo que le es posible: más mal; el mal queda así como pura ignorancia. Solo el ignorante hace el mal). Y esto es lo que le da vital importancia al conocimiento para Platón (e insisto, también para Sócrates), que nos lleve a la buena acción. Lo que le importaba al filósofo ateniense era que el conocimiento del Bien llevase a los hombres a actuar de forma intachable, como personas virtuosas. A fin de cuentas, la reforma en el conocimiento que pretendían llevar a cabo Sócrates y Platón tenía una finalidad práctica: hacer de la Atenas (y por extensión Grecia y el resto del mundo) en la que vivían un sitio mucho mejor, perfecto podríamos decir, al menos moralmente hablando. Pero esto lo veremos en los siguientes apartados dedicados a la ética y política de Platón. 

28 oct. 2011

PLATÓN (VII): La antropología platónica


Para Platón
, pues, como hemos indicado, la realidad se escinde en dos: ámbito, realidad o mundo inteligible y ámbito, realidad o mundo sensible. Al primero lo considera la verdadera realidad y al segundo la realidad aparente.Ahora bien, es un hecho que nuestra vida se desarrolla en este mundo que Platón considera aparente, con lo que cabe preguntarse ¿Es posible alcanzar ese mundo verdadero de las Ideas o, al estar atrapados en esta realidad sensible, dichas Ideas nos resultan incognoscibles? Platón salvará esta cuestión con su idea de hombre, con su concepción antropológica: El hombre es un conjunto formado por cuerpo y alma. El cuerpo es nuestra parte sensible y el alma la inteligible. De este modo el hombre pertenece a los dos mundos, teniendo así una conexión con el mundo inteligible que le permitirá dar ese paso hacia el conocimiento verdadero, el de las Ideas. Esto tiene bastante sentido si entendemos que "inteligir" es pensar y el pensamiento es un atributo propio del alma y no del cuerpo. El pensamiento (bien dirigido, analítico, como ya señaló Sócrates) o intelección nos puede elevar al ámbito inteligible y hacernos captar las Ideas verdaderas.

(Nota: Debemos tener en cuenta que cuando leemos la palabra "alma", aun sin quererlo, le estamos dando una connotación religiosa filtrada por la tradición cristiana y esto produce un anacronismo en nuestra interpretación. Para los griegos, el alma, llamada psyché, era la parte inmaterial del ser humano de la que procedían los sueños y generaba el pensamiento. Evidentemente, los griegos clásicos aun no tenían una concepción científica de la mente, ninguna neurociencia cognitiva ni nada parecido y, por tanto, atribuían al sueño y el pensamiento, por su naturaleza inmaterial, un carácter espiritual separado de lo físico)

 
Cómo debemos dar ese “paso” hacia dicho conocimiento verdadero es algo que veremos en el apartado siguiente, dedicado a la teoría del conocimiento platónica, pero hay algo que sí que tenemos que aclarar: la concepción del cuerpo como “cárcel del alma”. Para Platón, y en consonancia con el resto de su dualismo, la parte elevada del hombre es el alma (por pertenecer al ámbito inteligible), mientras que la parte más pobre de nuestro ser es el cuerpo (ámbito sensible). El alma humana queda encerrada en el cuerpo al unirse a este y conformar el hombre particular. Esta unión es la que nos dificulta el conocimiento de las verdaderas esencias ¿Por qué? Pues porque el cuerpo pertenece enteramente al ámbito sensible y está apegado a las cosas físicas, a las apariencias, las cuales capta a través de ese instrumento defectuoso que son los sentidos; también nos empuja a las pasiones debido a los bajos instintos; es él mismo físico (el cuerpo, se entiende) y, por tanto, meramente temporal y aparente, etc. Toda la teoría del conocimiento platónica estará encaminada a la purificación del alma por medio del conocimiento verdadero. Lo que se busca con dicho conocimiento es que el alma se libere de esa “cárcel” que es el cuerpo, porque solo entonces estaremos en disposición de alcanzar el conocimiento de la Idea, separado por completo de las apariencias de este ámbito sensible.