29 jun. 2011

PLATÓN (IV): El objetivo platónico / La herencia socrática


El tema que nos ocupa hoy es la filosofía de Platón, sin duda, una de las reflexiones sobre la realidad capitales dentro de la historia del pensamiento. Como ya se ha señalado en anteriores entradas, su filosofía es un sistema, un todo interrelacionado: entender su teoría de las Ideas y, con ella, su teoría del conocimiento, nos llevará a comprender sin dificultad su teoría ético-política (de la que nos ocuparemos una vez trabajada la parte ontoepistémica*) que es, a fin de cuentas, aquella que refleja realmente el objetivo del autor.

El objetivo de la filosofía platónica

Por decirlo de forma resumida: El objetivo de la filosofía platónica es llevar a cabo una profunda y efectiva reforma de la polis. A través de su concepción de la República pretenderá crear un Estado ideal en el que el conjunto social funcione de forma idílica a través de la perfecta formación y educación de todos los individuos que conforman dicha sociedad.
 
¿Por qué este es el objetivo principal de Platón? Recordemos el impacto que la muerte de Sócrates tiene en Platón. El maestro, hombre que según su aventajado alumno era el prototipo de hombre bueno y justo, es ejecutado públicamente acusado de impiedad y corrupción de la juventud. No es la corrupción propia lo que llevó a Sócrates a su sentencia de muerte, piensa Platón, sino la corrupción en la que estaba sumida la polis. Atenas, lejos de reconocer el mérito y agradecer su desinteresada labor a un modelo de ciudadano y hombre como era Sócrates, le mató, le eliminó porque era una amenaza para la corrupción que ya se había instaurado en la democracia (más bien demagogia, podríamos decir) ateniense. Sócrates denunciaba las injusticias, la corrupción, el mal hacer político y cívico de muchos dirigentes y ciudadanos... y esto, evidentemente, le llevó a tener no pocos enemigos. Estos enemigos, los hombres injustos, serían los que acabarían con la vida del único hombre que, a ojos de Platón, podría haber dirigido a la polis hacia el Bien.
 
Era necesaria la reforma de Atenas para que tal injusticia no se volviese a repetir. La muerte de Sócrates fue la gota que colmó un vaso lleno de fracasos políticos que exigían una nueva propuesta, un nuevo modelo de Estado que resultase más justo y mejor.
Ahora bien ¿en qué lugar deja todo esto a la teoría ontológica y epistémica de Platón? Es decir, si su pensamiento busca sobre todo una reforma ética y política de la Atenas de su tiempo ¿para qué hablar de realidad y conocimiento? Pues porque sencillamente es imposible comprender una cosa sin la otra. Para Platón, es el conocimiento de la Verdad y el Bien lo único que nos puede conducir a llevar estas ideas a cabo. Sin conocimiento no hay acción. Si queremos una sociedad justa, entonces tendremos que saber qué es la Justicia previamente. Y en esto, Platón es totalmente deudor de Sócrates.

La herencia socrática

Si tenemos en cuenta que Sócrates jamás escribió texto alguno y que Platón expuso la mayor parte de su obra a través de su maestro (utilizándole como "personaje" en sus Diálogos) y a esto además le sumamos que Platón sigue una línea continuista con respecto al pensamiento de su maestro (es decir, que sigue sus ideas, no rompe con ellas), vemos por qué el separar los pensamientos de Sócrates y Platón ha producido no pocos quebraderos de cabeza a los especialistas. Es a partir de fuentes indirectas, como el propio Aristóteles, que sabemos ciertas cosas acerca de qué ideas son propias de uno y otro. En la siguiente entrada hablaremos de la tesis principal platónica: la Teoría de las Ideas. Pues bien, es gracias a Aristóteles que sabemos que Sócrates jamás escindió la realidad en dos ámbitos (inteligible y sensible) como sí haría Platón posteriormente. Esto nos hace ver que Platón sofisticó el pensamiento de su maestro, pero siempre tendremos que tener en cuenta que lo hizo desde la base del pensamiento socrático.
 
La principal herencia socrática en Platón es el intelectualismo moral. La identidad entre saber y virtud que defendió Sócrates se seguirá manteniendo en Platón y de nuevo las ideas: “para hacer el Bien debemos conocerlo” y “conocer el Bien nos lleva a hacerlo” se volverán a repetir. Conocimiento y práctica se implican el uno al otro: no se puede hacer el Bien sin conocerlo y si conozco el Bien no puedo hacer otra cosa que llevarlo a la práctica.
 
Sócrates defendía que todo lo que se puede hacer posee un arte, es decir, un conocimiento que nos lleva a hacer algo como debe hacerse. Todo en esta vida se puede hacer bien o mal ¿quién lleva a cabo una buena acción en el ámbito que sea? El que sabe cómo llevarla a cabo. Poniendo un ejemplo simple, pero directo: ¿Quién hará buen pan? Pues el que sepa cómo hacer bien el pan. Sin conocimiento no se domina el arte en la práctica. Si no sabes cómo hacer pan, más que probablemente no harás un buen pan.
 
Esto será compartido al 100% por Platón, pero tomará una nueva dirección en el discípulo de Sócrates. Como veremos en posteriores entrada, las esencias no son algo solo relevante en el ámbito del conocimiento, sino también en el plano ontológico, es decir, en el plano de la propia existencia de la realidad. Esas esencias serán llamadas por Platón Ideas y esas Ideas no son solo la causa del verdadero conocimiento, sino que serán la causa de que las cosas mismas existan, de que nuestra realidad física y terrenal exista.

* Recuerdo: Ontoepistemología = ontología + epistemología. La ontología es el estudio de la realidad (el intento de esclarecer qué es la realidad). La epistemología es el estudio sobre el conocimiento de la realidad (como conocimiento verdadero de la realidad).

26 jun. 2011

PLATÓN (III): Contexto histórico-cultural y filosófico de Platón


El pensamiento de Platón se desarrolla durante la primera mitad del siglo IV a. C., aunque el nació, como vimos, en el último tercio del siglo V a.C. Dicho siglo había sido el periodo de esplendor de Atenas, el llamado “Siglo de Pericles”, con la victoria en las Guerras Médicas frente a los persas. El siglo IV, por el contrario, será el de una profunda decadencia debido a diversos factores: la acusación de corrupción política hacia la figura de Pericles (al que se le señala como culpable de apropiarse de dinero público), la epidemia de peste (que acabó con uno o dos tercios de la población ateniense) y, sobre todo, la Guerra del Peloponeso, que marcarán el devenir político-social de Atenas, sumiéndola en una depresión de la que jamás se terminó de recuperar. Esta guerra transcurrió entre los años 431-404 a. C. y concluyó con la derrota de Atenas frente a Esparta. Ambas eran las dos grandes potencias griegas en disputa por la hegemonía de Grecia, comandando la Liga de Delos, la primera, y la Liga del Peloponeso, la segunda. Tras dicha derrota, los atenienses tuvieron que vivir bajo el gobierno impuesto por Esparta, denominado de los “Treinta Tiranos”. Este gobierno oligárquico estaba formado por exiliados atenienses antidemocráticos que, obviamente, servían a los propios espartanos directamente, controlando a la polis rival. No obstante, el gobierno de los "Treinta Tiranos" durará apenas un año y será destituido debido al arraigado sentimiento democrático de la población ateniense. En el 403 a. C., los atenienses restauran la democracia, eso sí, una democracia muy debilitada ya y que generaba mucha desconfianza en la población que había vivido penurias tan grandes hacía tan poco tiempo. Para Platón, esta decadencia del modelo democrático adquiere máxima significación en el juicio a Sócrates, que acabaría desembocando en la sentencia de muerte para el mismo: ¿cómo es posible que el mejor hombre, el más sabio y más justo, según las propias palabras de Platón, sea condenado a muerte si no es por la propia corrupción y decadencia de la democracia ateniense?
No obstante, Atenas parece recuperar parte de su esplendor pasado, pero esto no será más que un espejismo. Poco después (ya muerto Platón), con la expansión del Imperio macedónico (primero con Filipo y después con su hijo Alejandro Magno), entra en colapso el ideal griego y de la polis: la forma básica de organización política, la ciudad-Estado que se autogestiona a través de los ciudadanos que la integran, es sustituida por el modelo imperial, en el que los individuos no son más que súbditos al servicio de un Emperador que monopoliza la legislación y el gobierno de sus territorios.

Esta crisis del mundo ateniense
acontecida durante el siglo IV a. C. se ve representada en todos los órdenes de la cultura con el tránsito del arte clásico, característico aún de la época de Platón, donde rige el ideal del orden, la serenidad y la racionalidad, (concepto de canon) al helenismo posterior que expresará movimientos violentos y el sufrimiento humano. Los tres órdenes arquitectónicos (dórico, jónico y corintio) irán progresivamente sofisticándose. La tragedia evolucionará desde los héroes de Esquilo y Sófocles, heroicos en la desgracia, a los posteriores de Eurípides, más humanizados. También cabe destacar a Tucídides, para muchos el primer historiador y aquel autor con el que nace la historiografía propiamente. Tucídides afirma que el relato histórico se tiene que atener a la narración de los hechos verídicos: solo lo que se ha visto se puede contar (y bajo esta idea general de lo que debe ser la Historia y la narración de la misma escribió su "Histora de la Guerra del Peloponeso").

En cuanto al contexto filosófico, podemos destacar las influencias presocráticas de Pitágoras
(importancia de las matemáticas y teorías sobre el alma), Anaxágoras (todo es conducido por la inteligencia y la inteligencia es capaz de entender ese todo) y, por supuesto, Parménides (que con su dualismo "Ser-no Ser” sentaría las bases para la división de los ámbitos inteligible y sensible que realizaría Platón)
.
La pregunta por el arché, característica del periodo cosmológico presocrático, cambiará hacia la pregunta por la realidad humana (conocimiento, moral y política) que intentará ser respondida por los sofistas y Sócrates. Los sofistas defenderán el relativismo y el escepticismo asegurando que es imposible el conocimiento objetivo de la realidad. Todo lo que existe en cuestión de conocimiento son opiniones particulares, entre las cuales no se puede imponer una como la única verdadera y objetiva (es por esto que su relativismo les conducía al escepticismo: la verdad es inalcanzable por definición). En la moral serán también relativistas, postulando la convencionalidad de la ley humana y, por tanto, la posibilidad de cambiar y alterar los acuerdos o directamente la justificación de la imposición del más fuerte. Para la consecución de tales logros, la Retórica como arte de convencer a los demás, incluso en la Asamblea, se antojaba una herramienta muy útil y digna de ser enseñada en cursos privados con los cuales los sofistas cobraban sus honorarios. El objetivo de la vida humana para el sofista es alcanzar el éxito, no encontrar la verdad. Sócrates, hacia el que se decantará clara y unívocamente Platón, en cambio, defenderá la posibilidad del conocimiento objetivo y verdadero, un conocimiento que tendrá una repercusión especial en el ámbito moral, buscando establecer conceptos universales que expresen qué es la Virtud, la Justicia, el Bien, etc., para poder llevarlos a cabo en la práctica. Bajo esta óptica, la sofística es vista como una forma de corrupción intelectual que debe ser exterminada de raíz, porque en su expansión verían tanto Sócrates como el propio Platón la causa principal de la emergente decadencia ateniense del momento.
Posteriormente Platón unirá la pregunta cosmológica de los presocráticos a la antropológica de sofistas y Sócrates, creando un sistema filosófico completo que trata de explicar la Realidad, la Verdad y el Bien. Desea aplicar dichos conocimientos a la sociedad griega, acabando así con la crisis en la que se encuentra sumida. Así, la filosofía platónica es un estudio realizado por y para el hombre. Su esfuerzo especulativo tiene un fin eminentemente práctico: la construcción de una sociedad perfecta, justa y buena en toda la magnitud de estos conceptos.


25 jun. 2011

PLATÓN (II): Vida de Platón

Platón, oriundo de Atenas (aunque hay quien sostiene que nació en Egina), fue un hombre que disfrutó de una vida longeva. Nació en el 428-427 y murió con unos 80 años en el 347 a. C. Su nombre real era Aristocles y “Platón”, nombre con el que siempre se le designa, era un seudónimo que significa “el de espalda ancha”. Las crónicas hablan de un Platón atleta en su juventud y cuya constitución parecía ser fuerte por naturaleza. Su familia pertenecía a la aristocracia ateniense (familia Glaucón) y siempre estuvo en contacto con la política: su padre, Aristón, era descendiente del último rey de Atenas, así como su madre, Perictione, descendiente de Solón y prima de Critias. Además, a la muerte de su padre, siendo niño Platón, su madre contrajo nuevas nupcias con Pirilampo, amigo de Pericles, corriendo la educación de Platón a su cargo, por lo que se supone que Platón pudo haber recibido una enseñanza propia de las tradiciones democráticas del régimen de Pericles.

Durante su juventud combatió como soldado en las Guerras del Peloponeso, en las cuales Atenas salió derrotada . El poder y control de la economía que la esplendorosa Atenas ejercía sobre el mundo griego cayó en manos de Esparta. Platón viviría en primera persona las consecuencias de dicha guerra y la caída de ese esplendor ateniense.

Parece ser que fue un Platón joven, de unos 21 años de edad, el que se vinculó intelectualmente a Sócrates. La presencia del segundo y la juventud del primero seguramente fueron condicionantes más que suficientes para que la figura del maestro llegase a calar tan hondo como lo hizo en Platón, cuyo pensamiento está irremediablemente (como ya comentamos en la introducción) ligado al de Sócrates, del que es en gran medida deudor.

Gracias al propio testimonio platónico sabemos que estuvo presente en el juicio de Sócrates (descrito en su “Apología”), pero no en el momento en el que este cumplió con la sentencia de muerte impuesta en dicho juicio (descrita en su “Fedón”). Aunque Sócrates murió rodeado de amigos y discípulos, Platón no contaba entre aquellos que presenciaron cómo el maestro era ejecutado al ingerir cicuta (veneno utilizado por los griegos para llevar a cabo la pena de muerte)

Tras la muerte de Sócrates, hacia el 399 a. C., Platón se refugió en Megara durante un breve espacio de tiempo, donde comenzó a escribir sus diálogos filosóficos (aunque muchos sostienen que quizás escribiese alguno con anterioridad).

Sin duda, el trato que Atenas dio a Sócrates (y que afectó profundamente a Platón) provocó que sus primeros trabajos se centrasen en registrar e incluso mitificar la memoria de su maestro. Se dice que muchos de sus escritos sobre la ética estaban dirigidos a evitar que injusticias como la sufrida por Sócrates volvieran a ocurrir.

Después de la muerte de Sócrates, Platón viajó a Megara, Tarento (Italia), Siracusa (Sicilia), y según algunos, también a Cirene (Egipto). En el 396 a.C. emprendió un viaje de diez años por Egipto y diferentes lugares, de África e Italia. En Cirene conoció a Aristipo y al matemático Teodoro de Cirene. En Magna Grecia se hizo amigo de Arquitas de Tarento y conoció las ideas de los seguidores de Parménides de Elea. En el 388 a.C. viajó a Sicilia, a la poderosa ciudad de Siracusa, donde quiso influir en la política de Dionisio I y aprendió mucho de las formas de gobierno que plasmaría después en "La República" (en griego politeia que significa ciudadanía o forma de gobierno). Sus manifestaciones políticas, que en algunos casos eran irreverentes con la clase dominante, lo llevaron a prisión. De regreso a Grecia, su barco se detiene en Egina, que estaba en guerra contra Atenas, en donde él es vendido como esclavo, sin embargo Anníceris de Cirene reconoció a Platón en la venta de esclavos y lo compró para devolverle la libertad. Volvió incluso en dos ocasiones más a Siracusa (los años 367-365 y 361), con el deseo de influir sobre Dionisio II (hijo de Dionisio I) en el modo de gobierno, y con la ayuda de un amigo siracusano llamado Dion.

En el 387 a.C., tras recobrar su libertad, Platón compró una finca en las afueras de Atenas, donde fundó un centro especializado en la actividad filosófica y cultural, al cual llamó Academia, que funcionó ininterrumpidamente hasta el año 86 a.C (cuando fue destruida por los romanos). El nombre procede del hecho de que en dicha finca existía un templo dedicado al antiguo héroe llamado Academo. Muchos filósofos e intelectuales estudiaron en esta academia, incluyendo a Aristóteles, que acudió a la misma durante 20 años (367-347 a.C.).

Platón, además del propio Sócrates, también recibió influencias de filósofos, como Pitágoras, cuyas nociones de armonía numérica y geomatemáticas se hacen eco en la noción de Platón sobre las formas (además de la idea de la metempsicosis, de la transmigración de las almas); Anaxágoras, quien enseñó a Sócrates y que afirmaba que la inteligencia o la razón penetra o llena todo; y Parménides, que con su dualismo “ser”/”no ser” sentaría las bases para la división de los ámbitos inteligible y sensible que posteriormente realizaría Platón.

Platón murió en el 347 a.C., a los 80/81 años de edad, dedicándose en sus últimos años de vida a impartir enseñanzas en la Academia de Atenas.


23 jun. 2011

PLATÓN (I): Introducción


Platón ha pasado a la Historia de la Filosofía como el primer gran Filósofo. Aunque muchos coloquen este título a Sócrates, lo cierto es que es Platón el primer pensador que nos ofrece un sistema filosófico completo* en el que todos sus elementos quedarán fuerte y consistentemente conectados y relacionados.

En mi opinión, no hay mayor error (y se comete muy a menudo al enseñar el pensamiento platónico) que el de pretender explicar la ética, antropología o política de Platón sin aludir a su tesis básica sobre las Ideas. Es imposible comprender (al menos comprender bien) lo uno sin lo otro y viceversa. El por qué de esto está claro desde el momento en que entendemos que la filosofía de Platón es absolutamente deudora de la de su maestro Sócrates. Platón sofisticará, sistematizará y matizará el pensamiento socrático, pero, en su base, este permanecerá igual. La identidad entre saber y virtud que defendió Sócrates se seguirá manteniendo en Platón y de nuevo las ideas: “para hacer el Bien debemos conocerlo” y “conocer el Bien nos lleva a hacerlo” se volverán a repetir.

¿Cómo entender, pues, lo que es un hombre bueno y justo para Platón al margen del conocimiento que este debe tener sobre el Bien y la Justicia, si es precisamente dicho conocimiento el que lleva al hombre a ser bueno y justo? Conocimiento y práctica se implican el uno al otro: no se puede hacer el Bien sin conocerlo y si conozco el Bien no puedo hacer otra cosa que llevarlo a la práctica. Así pues, cuando se pretende separar netamente la teoría del conocimiento y de la realidad, de su teoría política (por ejemplo), lo que se consigue es dar una visión parcial e inexacta del pensamiento platónico. De hecho, esta interconexión en todo el sistema filosófico platónico es lo que ha hecho grande a este pensador. Si en un principio la filosofía presocrática se ocupó del estudio de la physis (Naturaleza) y posteriormente la filosofía de sofistas y Sócrates “girarían” su mirada hacia el hombre, con Platón tendremos un sistema completo que aúna explicación de la realidad, teoría del conocimiento, antropología, ética, política, cosmología, estética… Ninguna cuestión filosófica escapa a la mirada de Platón y por ello, como ya dijimos, es señalado por muchos como el primer gran pensador sistemático de la Historia.

Dicho esto, que nadie se alarme. Que todo el pensamiento de Platón esté conectado no lo hace difícil de entender, sino todo lo contrario. Es sencillo comprender la filosofía platónica si se estudia con orden y viendo estas conexiones que en ella se dan (esto, en realidad, es extensible a todos los filósofos). Si estudiamos el pensamiento de Platón como si fuesen apartados estancos, sin relación entre sí, entonces si nos podemos topar con una filosofía extensa y que se nos antoja algo complicada de asimilar. En cambio, si vamos pasando de las ideas más generales a las que se deducen de estas, siguiendo el razonamiento del autor, veremos que unos conceptos nos llevan a otros y que en cuanto tenemos claro los 4 ó 5 pasos básicos que Platón da para llegar de “A” a “B”, habremos acabado con toda posible dificultad.

Antes de meternos de lleno en el sistema de Platón, dedicaré las siguientes entradas a comentar brevemente la vida del mismo y su contexto histórico-cultural y filosófico, que tanto agradecerán los alumnos de 2º de Bachillerato (no me gusta extenderme demasiado en los contextos y siempre procuro facilitarlos sintetizados, con un volumen manejable, pero que al mismo tiempo resulte suficiente para comprender lo que rodeaba al autor en cuestión).


*Nota: Esto, evidentemente, puede ser sometido a debate. Hay estudiosos que defienden que autores como Demócrito o Protágoras ya concibieron elaborados y consistentes sistemas filosóficos de los que, por desgracia, nos ha llegado poco material y algunas citas indirectas. En este caso la colocación de Platón como primer gran autor de la Historia del pensamiento occidental simplemente se debería a factores circunstanciales y de legado doctrinal: como es Platón el primer autor del que nos ha llegado su sistema filosófico completo, lo tomamos como el primer gran filósofo. Lo que es indudable es que Platón ha sido de gran importancia en el desarrollo filosófico posterior (baste con leer la "discusión" que Nietzsche mantendrá con él muchos siglos después) y que ya en la Edad Media fue el autor más comentado y reinterpretado, dato que no debemos tomar como algo casual o anecdótico.

NADA COMO INTERNET (para lo bueno y para lo malo, claro)

Definitivamente no existe nada más maravillosamente contradictorio que Internet. Es, por un lado, la mayor biblioteca que jamás haya existido (nada de Alejandrías ni Pérgamos...), pero, por el otro, el cúmulo más grande de inexactitudes, errores y opiniones sin fundamento expuestas como tajantes verdades, habidas y por haber.

Solo por curiosidad y durante un ratito de nada, me he propuesto indagar sobre las opiniones y explicaciones que la gente ofrece acerca de la filosofía de Nietzsche por la red ¿Por qué? Pues porque un alumno me ha pedido consejo sobre qué libro leer de este autor (que ya aviso que no es el idóneo para empezar a leer Filosofía) y me he parado a pensar en lo atractivo que es comúnmente para la mayoría el pensamiento nietzscheano (van tres personas en lo que va de mes que me han preguntado qué obra de Nietzsche les aconsejaría que se leyesen primero, frente a ninguna que me haya preguntado por ningún otro autor) aún siendo un autor complejo y no facilmente digerible.

Planteándome esto, lo siguiente que me pregunté fue: ¿Y qué se le pasará a la gente por la sesera cuando lee a Nietzsche directamente o desde una fuente indirecta? Me explico, a la mayoría de las personas les falla (sobre todo por no desarrollarla) la comprensión lectora y este hecho hace que el texto más simple se torne un auténtico jeroglífico indescifrable. Si a esto le sumamos el carácter metafórico de la escritura de Nietzsche, los constantes dobles y triples sentidos de sus juegos de palabra, las abundantes referencias a pensamientos del pasado, tradiciones culturales, religiones, mitos... y todas estas cuestiones que el autor no se para a definir desde cero, sino que presupone que conocemos de antemano (y eso, más hoy en día, es mucho presuponer), tendremos una auténtica mezcla explosiva en la mente de quien se pretende interprete de la obra del controvertido intelectual alemán.

Así, en mi búsqueda por San Google, encontré la fantabulosa herramienta que es el "Yahoo! Respuestas" y que sirve perfectamente para sondear esto que yo me planteaba: averiguar qué entiende la gente del pensamiento de Nietzsche. Para el que no la conozca, "Yahoo! Respuestas" es una página en la que un usuario lanza una pregunta sobre alguna duda que tenga y otros usuarios muestran sus opiniones o dan respuestas a la misma. Después, el usuario que formuló la pregunta puntúa la que le parece la mejor respuesta o deja que la comunidad valore cuál es esta.
En este alocado contexto, y con el tema específico que nos ocupa aquí, la filosofía de Nietzsche, uno se encuentra preguntas tan fáciles de responder
como "¿Quién me puede explicar de modo sencillo el pensamiento de Nietzsche?", "¿En qué pensaba Nietzsche?" (a esto se le puede preguntar a su vez ¿cuándo? ¿En qué pensaba cuando iba al baño, a comprar el pan o cuando se sentaba a escribir?) o "¿Explicación "simple" de Nietzsche?".

En la mayoría de los casos, los individuos que contestan a estas "concisas" preguntas se meten en la wikipedia, copian y pegan lo que les salga cuando teclean el nombre de Nietzsche en la cajetilla de búsqueda y ahí acaba su labor (no sé que les hace pensar que el que plantea la pregunta no haya podido hacer esto por sí mismo).

Luego está el que contesta un poco lo que le viene en gana, lo que se le pasa en ese momento por la cabeza (y que lo afirma como auténtico conocimiento científico) o la interpretación que él mismo ha encajado dentro de sus propios esquemas sobre lo que oyó hace tiempo o, al menos, cree haber oído en algún momento de su vida. En este segundo grupo están mis favoritos: un supuesto estudiante para profesorado de Filosofía que dice haber encontrado todas las respuestas de Nietzsche en "La Zaratustra" (que dicho así parece que habla de un baile tipo lambada más que de la obra "Así habló Zaratustra" que es a la que supongo se referirá); otro que pretende que busques la explicación a la filosofía de Nietzsche en los "misterios masones y rosacruces" (y que remata su intervención diciendo que a Nietzsche, vitalista donde los haya, "le gustaba más la muerte" ¿ein?); otros que dicen abiertamente que tratan de leer a Nietzsche con un diccionario al lado (esto, para los que recuerden aquello del uso unívoco, equívoco y metafórico del lenguaje en Nietzsche, parece un chiste friki-filosófico en sí mismo); otra que afirma que Nietzsche jamás habló de los conceptos, que el que hace la pregunta no se ha enterado de nada en clase y que ha tomado mal los apuntes (evidentemente, su pobre profesor trabajó en vano cuando estuvo explicándole la crítica de Nietzsche al lenguaje y los conceptos porque obviamente se inventó toda esa parte que el filósofo jamás escribió, aunque efectivamente sí que esté en su obra).

Tras este segundo grupo hay un tercero, mucho más minoritario, que no encamina del todo mal las respuestas o que incluso llegan a dar buenas respuestas.

En definitiva, te encuentras a montones de personas hablando de algo que desconocen hasta límites insospechados (sobre todo para ellos) y lo mejor de todo es que el que evalúa la calidad de las respuestas al final es aquel que tenía la duda y que, al menos eso sí, se declaró ignorante en el asunto desde un principio. Los criterios para elegir la mejor respuesta tampoco tienen desperdicio: tu respuesta es la más clara (lo que no implica que sea acertada); tu respuesta es la más corta (lo que no implica...); tu respuesta es la que más me ha gustado (lo que no...). Huelga decir que pocos eligen las respuestas del tercer grupo de usuarios, aquellos que tienen idea de lo que hablan, puesto que estas resultan mucho más difíciles de asimilar que las simpleces inexactas de los usuarios del segundo grupo. Pero claro, ¿cómo distinguir lo que merece la pena rescatar de lo que no si no se tiene critero para ello? ¿no radica el problema precisamente en meterse en este tipo de páginas, foros, webs, blogs (este mismo podría ser una patraña ¿qué haces aquí?) y tratar de conseguir por la vía rápida lo que necesita un estudio y comprensión mucho más profundo e íntimo? Es decir, sin ese criterio necesario para discernir la información útil y contrastada de las meras opiniones falaces ¿no resulta imposible o al menos muy difícl sacar algo bueno de esta excelente herramienta que es Internet?


CONCLUSIÓN: Estamos a un solo click de acceder a montones y montones de información útil y fiable (de hecho, si quieres, y sin que se enteren los de la Sinde, te puedes bajar al ordenador toda la obra de Nietzsche traducida por Alianza, prologada, analizada y comentada por expertos), pero también a un solo golpe de ratón de leer y tomar para nosotros las heces mentales de millones de internautas. Para remediar esto lo único que se puede hacer es desarrollar un espíritu crítico, formarse profundamente y adquirir las herramientas para saber "reconocer la crema de la crema y separarla de la flema" (como decía una canción). Hábitos estos, todo sea dicho de paso, mucho menos inmediatos que consultar por Internet, pero sin duda mucho más saludables.