1 jul. 2011

PLATÓN (V): La Teoría de las Ideas


La teoría de las Ideas

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino que es tratada, desde diferentes aspectos, en varias de ellas. 
Tradicionalmente se ha interpretado la teoría de las Ideas de la siguiente manera: Platón distingue dos modos de realidad, una, a la que llama inteligible o Mundo de las Ideas conformado por las esencias, y otra a la que llama sensible o Mundo sensible que se identifica con el mundo terrenal o mundo físico (aquel donde vivimos y convivimos con todos los entes físicos). La realidad inteligible, a la que denomina "Idea", tiene las características de ser inmaterial, eterna, inengendrada e indestructible. Es ajena al cambio y constituye el modelo o arquetipo de la otra realidad, la sensible, constituida por lo que ordinariamente llamamos "cosas" y que tiene las características de ser material, corruptible (que significa: sometida al cambio, esto es, a la generación y a la corrupción), en definitiva, todo lo opuesto a la “Idea” y que resulta no ser más que una copia de la misma, de la realidad inteligible.
 
La cuestión es entender por qué Platón habla de dos realidades separadas cuando habla de "ideas" y "cosas" como si unas estuviesen separadas de las otras (aunque las segundas, las "cosas", existan gracias a las primeras). Creo que a través de un ejemplo entenderemos bien el por qué de esta separación. Centrémonos, por ejemplo, en la Idea de Belleza. Podemos decir que una mujer es bella, pero sabemos que dicha mujer acabará envejeciendo e irá dejando de “participar” irremediablemente, a medida que pasen los años, de ese concepto de belleza. En cambio, el concepto mismo de belleza no cambiará porque una mujer bella haya dejado de serlo. Es decir, mientras que la belleza particular (de una mujer, un objeto, un acto...) acaba degenerando y corrompiéndose (volviéndose así "fea"), la Idea de Belleza jamás degenera (la Idea de Belleza no se vuelve "fea").  
La conclusión de Platón es, pues: mientras que las cosas que forman parte de este mundo (mundo sensible) cambian, degeneran o se corrompen, las Ideas (que forman parte del mundo inteligible) son inmutables e incorruptibles: es decir, son perfectas y eternas. La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o "cosas", hallándose en un constante devenir, cambio y corrupción, nunca podrá decirse de ellas que verdaderamente “son”, ya que en algún momentos "dejarán de ser". Las cosas físicas o materiales son meras apariencias y el verdadero mundo es el que está constituido por las Ideas. Por ello, sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento o "episteme", mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo son susceptibles de opinión o "doxa" (por seguir con el ejemplo anterior: mientras busquemos la Belleza entre la cosas materiales solo alcanzaremos una opinión de lo que es la belleza (ya que esta es una belleza mundana, temporal y parcial) y nunca el verdadero conocimiento de la Idea de Belleza). 

El dualismo sensible/inteligible 

Vemos, pues, como de la Teoría de las Ideas platónica se deriva un marcado dualismo ontológico, es decir, una separación de la realidad en dos ámbitos claramente diferenciados: Una realidad inteligible, llamada también mundo o ámbito inteligible y una realidad sensible, ámbito o mundo visible. Este dualismo será fuente de numerosas críticas y problemas para ser aceptado por sí mismo (¿por qué se dio el paso a la existencia de este mundo a partir de otro que ya era perfecto de por sí? ¿qué relación existe entre las Ideas y las cosas? Platón hablará de que las "cosas" participan de las "Ideas", pero ¿en qué consiste esa "participación"?). Por destacar dos de estas críticas podríamos señalar primero, sin salirnos del ámbito del pensamiento griego, a Aristóteles y, en segundo lugar (ya en la Filosofía del XIX), a Nietzsche (las críticas de estos autores al sistema platónico las veremos cuando le dediquemos su espacio a cada uno).
 
Veamos con algo más de detenimiento las características del dualismo platónico para así entenderlo mejor:
 
Lo inteligible: 
 
Las Ideas representan las "esencias" de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto; pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto. Por ejemplo: La Idea de "animal" comprende todo aquello que designa la palabra "animal" (es decir, comprende a todos los animales que existen: caballos, peces, insectos...), pero no es en sí misma una palabra o concepto, ya que las palabras o conceptos no son más que contenidos mentales y las Ideas tienen existencia independiente, más allá de que las pensemos o no. Resulta curioso y extraño, pero lo que Platón quiere decir es que las Ideas existen con anterioridad al haber sido pensadas (existen en ese otro plano verdadero y real que es el Mundo Inteligible) y que, de hecho, son ellas las que producen el efecto (ya que son la causa) de que existan aquí las cosas y hechos que designamos con palabras, ya que las cosas no son más que copias de la verdadera realidad que es la Idea. Sin la existencia de la Idea no habría realidad física y, por tanto, no habría nada a lo que nos pudiésemos referir mediante el lenguaje.
 



(NOTA: Es este rasgo independiente de la Idea con respecto a la mente humana lo que va a suponer un problema posteriormente para Aristóteles. Platón creía que las Ideas existían por sí mismas, fuera de la mente, y que incluso estas tenían una realidad anterior y más verdadera que las cosas que existen físicamente en el mundo. Aristóteles no concebirá que tal cosa pueda ser posible) 
 
El mundo inteligible está lleno de Ideas. Cada ser, ente, objeto o concepto manejado en este mundo tiene su correlato en la realidad inteligible en forma de Idea. En el mundo inteligible “conviven” ideas distintas y variopintas (las de amor, lápiz, perro, política… es decir, todas las cosas que nombramos) y todas ellas, más concretas o abstractas, poseen su esencia en forma de Idea.  
 
Pero no debemos obviar que para Platón existe una gradación jerárquica entre dichas Ideas, ya que esto es de vital importancia sobre todo en lo que respecta a la Idea de Bien: 1) En el lugar más elevado está la Idea de Bien, la más importante y aquella que gobierna a todas las demás (de hecho, Platón la definirá como realidad suprema que está por encima del resto de Ideas); 2) Después estarán las Ideas de corte superior Belleza y Verdad, que seguirán de cerca a la Idea de Bien al tener una naturaleza casi tan noble y pura como esta; 3) Tras estas irían la Ideas fundamentales como las de unidad, multiplicidad, ser, no ser...; 4) A continuación las Ideas matemáticas; 5) Y finalmente el resto de Ideas, modelos arquetípicos de los objetos sensibles, estas, por motivos obvios, se colocarán en el último escalafón en importancia. 
 
(Nota: Cabe señalar, para ser exactos, que en la división de las Ideas realizada en el diálogo "Parménides" Platón se negaría a aceptar la existencia de Ideas tan bajas como las de las cosas físicas de escaso valor. La lógica de su teoría nos lleva a pensar que tiene que existir una Idea o esencia de absolutamente todo lo que el hombre pueda nombrar, pero Platón parece hacer finalmente una consideración valorativa, un juicio de valor sobre las Ideas, dándole solo entidad a aquellas que poseen un valor matemático, estético o moral) 
 
Lo sensible:
 
Por su parte, la realidad sensible se caracteriza por estar sometida al cambio, a la movilidad, a la generación y a la corrupción. De esta forma, como ya se ha señalado, la realidad sensible parece quedar como simple ilusión frente a la verdadera realidad de la Idea (ya que la Idea no cambia, siempre “es” la misma y permanece igual, mientras que las cosas físicas que se muestran como reflejo de esa Idea sí que cambian, se corrompen y acaban por perecer).   
 
Pero el mundo sensible no se puede ver reducido a esa mera realidad “fantasmal” sin ningún valor. Aunque su grado de realidad no pueda compararse al de las Ideas ha de tener alguna consistencia y no puede concebirse como si no fuese nada (además, las cosas, al ser copias de las Ideas, muestran parcialmente algo de lo que dichas Ideas son). Es dudoso que podamos atribuir a Platón la intención de degradar la realidad sensible hasta el punto de considerarla una mera ilusión porque para Platón, como veremos ahora en la exposición de su teoría del conocimiento, el conocimiento parte de la realidad sensible, aunque también es cierto que esta debe ser superada y dejada atrás para alcanzar el verdadero conocimiento (episteme): el de las Ideas. 
 
¿Entiendes esto? Por lo que hemos visto, Platón habla de la realidad sensible como algo ilusorio frente a la verdadera realidad, la Inteligible o de las Ideas. Pero esta realidad ilusoria del mundo sensible no la reduce a la nada, a mera mentira (o mera ilusión) ya que Platón le da una cierta validez al indicar que desde él comenzamos el conocimiento de toda Idea (porque, de hecho, las cosas físicas son reflejo de su correspondiente Idea que es el modelo o arquetipo de la misma en el mundo inteligible): partimos de las cosas sensibles para alcanzar las Ideas, aunque realmente alcanzaremos dichas Ideas cuando nos separemos del todo del mundo sensible. Y esto ocurrirá cuando el alma se separe del cuerpo y vuelva al mundo de las Ideas, como veremos en las entradas dedicadas a la antropología platónica y el conocimiento.
 
Es en esta Teoría de las Ideas, eje central de todo su pensamiento, donde Platón introducirá su gran novedad con respecto a Sócrates. Sócrates pensaba que si nos quedábamos en nuestras meras opiniones sobre cualquier asunto, nunca alcanzaremos el verdadero conocimiento sobre los mismos. Así, Sócrates sugería que nos elevásemos a través de la Filosofía de las meras opiniones al verdadero saber. En Platón, esto se va a conservar igual (lo veremos al tratar la teoría del conocimiento), pero con la novedad de que ese verdadero conocimiento ("definiciones universales" en Sócrates e "Ideas" en Platón) es el conocimiento de las esencias en virtud a la cual las propias cosas existen. Es decir, la cuestión pasa del plano epistemológico y gnoseológico (en términos sencillos, del plano del conocimiento) que ya trató Sócrates, al plano ontológico (plano de la realidad, de la existencia) en Platón. Cuando conocemos una "Idea" no solo conocemos un concepto o una definición, sino que conocemos la esencia de algo, aquello que lo fundamenta, su razón de ser, su principio ontológico gracias al cual existe. Esta esencia, la "Idea", está separada de la cosa física y accedemos a ella cuando somos capaces de elevarnos hacia su realidad: el ámbito inteligible. El dualismo en el plano de conocimiento ya estaba en Sócrates: falso conocimiento o conocimiento aparente (opinión) frente al verdadero conocimiento (definiciones universales); pero el dualismo ontológico (dualidad de la realidad) es exclusivo de Platón: realidad aparente o falsa (ámbito sensible) frente a realidad verdadera (ámbito inteligible).